Dos mil años hablando del amor. Y seguimos improvisando.
Ovidio escribió hace más de dos mil años un manual para encontrar el amor, conquistarlo y, en un alarde de optimismo, conseguir que dure.
Jacinto se lo ha estudiado. Y ese es el problema.
Conferenciante de vocación, seductor de resultados discutibles y heredero de un padre pregonero que le inoculó a Ovidio por agotamiento, Jacinto llega dispuesto a compartir con el público todo lo que el poeta romano sabía sobre el amor, el deseo y las artes de la conquista. Una conferencia rigurosísima… hasta que abre la boca.
Porque hablar de Ovidio significa hablar de Venus. Y hablar de Venus conduce inevitablemente al deseo. Y del deseo al sexo. Del sexo a los celos. De los celos al ridículo. Y del ridículo, tarde o temprano, a nuestra propia vida.
Así, entre versos latinos, dioses con muy poco autocontrol, recuerdos sentimentales que habría sido mejor mantener en secreto y alguna que otra teoría de dudosa solvencia científica, Jacinto convierte el Ars Amandi en una delirante disección de nuestras miserias amorosas.
Una falsa conferencia donde la cultura clásica pierde la toga, el amor pierde la dignidad y el público descubre, quizá con cierta preocupación, que entre la Roma de Ovidio y nosotros no ha cambiado tanto la cosa.
Seguimos buscando a alguien.
Seguimos intentando conquistarlo.
Seguimos prometiendo que será para siempre.
Y seguimos haciendo el gilipollas.
ARS AMANDI.
Una comedia sobre el único arte que nadie domina, pero en el que todos nos creemos expertos.